Para Werther, en su Cumpleaños
Muy
de madrugada Ricardo se despertó sintiendo un estirón de cabellos, era por
parte de su padre, que había llegado borracho, como de costumbre, arremetiendo
contra él. Ricardo era el más pequeño de cinco hermanos, pero el más
desafortunado, pues para su padre había sido un 'accidente', un hijo no deseado
como muchos que abundan.
Nunca
tuvo amor de padre, siempre le faltó la figura paterna. Sin embargo, su madre
le hizo ver que mientras ella existiera no le haría falta, pues ella tomaría
ese papel.
Creció como un muchacho solitario, muy timido, caminaba encorvado, como si
trajera el mundo sobre la espalda. Muchos lo llamaban nerd, o cerebrito. Desde
niño su afición a la música clásica, a Mozart, lo hizo ser distinto al resto de
los compañeros.
Sobresalían
sus buenas calificaciones, su habilidad para la oratoria, su buena memoria y
ese modo tan fácil que siempre tuvo para los idiomas. Siendo adolescente ya
dominaba el idioma inglés. Y así, Ricardo fue sobresaliendo en muchos aspectos.
Se
fue del pueblito que lo vio nacer, se despidió una mañana de su madre y de sus
hermanos para irse a la gran Ciudad a probar suerte.
-Me
prepararé, le dijo a su madre.
Y
ella sabiendo que le doliera su lejanía, lo vio partir. En el fondo sabía que
era para algo mejor. Que Ricardo no pertenecía a ningún lugar, que era mejor
verlo volar.
Regresó muchas Navidades a lado de su madre. Viendo cada vez crecer a los
sobrinos. Y fue el mejor estudiante en la Universidad. Y estaba por terminar su
Doctorado en la Ciudad de sus sueños, con la que siempre soñó. Se dijo que
algún día estaría en un bote en el río Sena, admirando la Torre Eiffel, y lo
cumplió. Sus tardes de café y cigarrillos los pasa en París. Los recuerdos de
su padre, son sólo malos recuerdos que se difuminan en sus ojos cafés, pues
sabe que del otro lado del océano, su madre siempre lo espera.
Para
abrir más regalos, los invito a pasar con Lois y Clark.