/

martes, 18 de febrero de 2014

Este jueves, un relato: Vida insípida





LIBROS, UN AMOR Y CAFÉ


Se levantaba muy temprano por las mañanas para alcanzar la ruta de camión que lo llevaba a Ciudad Universitaria, a esa hora el transporte se llenaba por trabajadores y mayoría de estudiantes.

La rutina de Benito era la misma para no perder la costumbre. Llegaba puntual, trabajaba en la Biblioteca Central de la Universidad, su labor consistía en acomodar los libros en estricto orden, tanto bibliográfico como temático, acomodo de fichas bibliográficas en archiveros y se encargaba también del préstamo externo de libros.

Benito conocía cada rincón de la biblioteca como la palma de su mano, sabía perfectamente donde iba cada libro, se habían convertido en sus compañeros eternos. Más amaba su rutina, no se quejaba, al contrario, siempre de buen humor, con trato servicial, que era lo que más lo caracterizaba.

De estatura pequeña, delgado, tez morena, cabello ondulado grisaceo, y vestimenta color café, casi siempre vestía de café; ya todos los estudiantes sabían que Benito era el encargado de la biblioteca, hace años que trabajaba ahí, que su hora de entrada y su hora de salida no variaban, siempre las mismas.

Alguna vez Benito platicó con una estudiante muy sociable que él era divorciado, que su esposa lo había abandonado para irse a vivir con un hombre más atractivo, más joven y con más dinero. Benito no dijo nada, no reclamó, no preguntó el por qué, sólo asumió las consecuencias de verse solo, de estar soltero por muchísimos años, no quiso saber ni entender, sólo se cobijó en la compañia que le brindaban los libros, las historias en ellos contadas, las sonrisas y las charlas de los estudiantes.

Libro que estudiante pedía prestado, libro que Benito comentaba, siempre había un comentario para tal libro, una historia que contar, algo que narrar y su vida giraba en torno a las historias de esos inseparables, que eran sus amigos.

Esa rutina jamás había sido cuestionada por Benito, creyó sentirse satisfecho, pero una noche al ver su reflejo en el retrovisor del transporte en el que iba, se vio viejo y acabado. ¿Su vida seguiría así? ¿Sumido en una gran biblioteca? ¿Viviendo de las historias de sus compañeros los libros? ¿Cuándo había dejado de vivir su propia historia? Estaba sobreviviendo, más no viviendo realmente, su realidad la había puesto a un lado.

Desde aquél día algo cambió en él, y asistía con pesadumbre a la Biblioteca, sonreía poco a los estudiantes, hacía las cosas de manera automática, ya no hablaba de las historias ni los personajes de los libros, se limitaba a su labor.

Un buen día, una mujer joven, extranjera, había llegado a la Biblioteca, a pedir informes sobre acervos bibliográficos, no era la primera vez que visitaba la biblioteca, pero Benito apenas la había visto. Le comentó que era austriaca y que había llegado a la ciudad para estar unos meses, pues quería visitar las bibliotecas universitariasy privadas, ya que ella quería establecer un negocio, un lugar así como una librería donde se pueda tomar café y leer.

Y así, por unos días, por algunos meses, la joven asistía con frecuencia a la biblioteca y le gustaba mucho platicar con Benito, a veces se iban juntos a tomar el transporte. No sólo platicaban de libros, sino de sus vidas, de sus gustos, de algo en común que pudieran tener.

A Lidia le gustaba como era Benito. Y a Benito le gustaba como era Lidia. Para muchos ya era común verlos juntos al terminar la jornada laboral de Benito. No les pareció raro la diferencia de edades, ni tampoco que ella era atractiva ni que él era más bien bello de alma. Pues las risas contagiosas decían más que mil palabras.

Así al pasar de los años, Benito por fin podría contar su propia historia, compartir no sólo su vida, sino algo en común, ahora con su amada, libros y café.
 

 
 
 
Más relatos de Vida Insípida en Soliluna.

8 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que buena historia. ¿Por que no le puede pasarle a un bibliotecario? ¿Por que una mujer joven y atractiva no puede interesarse por los libros?
Incluso me recuerda a que Ingrid Grudke, una modelo bellisima, fue la pareja de un bibliotecario, durante unos 16 años.
Así que puede pasar.

Valaf dijo...

La historia es preciosa, además está muy bien escrita. Frente a la otra que vivía, quizá, del resultado y exceso de novelitas rosas, salió ganando el bibliotecario y la señora austriaca.

Un beso

LAO Paunero dijo...

Es muy linda la historia de Benito, me gustó y conmovió, Azulia

Azulia PourToujours dijo...

DEMIURGO: Gracias, yo quiero pensar que podría pasar, aunque suene a ciencia ficción.

Azulia PourToujours dijo...

VALAF: Sí, es que siento que a veces algo en nuestras vidas nos hace despertar. Un beso

Azulia PourToujours dijo...

LAO: Gracias Lao, qué bueno que te gustó. Un Abrazo

Yessy kan dijo...

¡Wow! Que buen relato. Cargado de una dura realidad, pero a la vez con un final feliz. Me alegro por Benito, nadie merece estar solo.
Un saludo

Carmen Andújar dijo...

Preciosa historia. La vidda te puede cambiar en un momento; aunque no te lo creas, y eso le pasó a Benito.
Un abrazo

Publicar un comentario

Template by:

Free Blog Templates