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lunes, 31 de marzo de 2014

ALMAS PERDIDAS. Capítulo 3: El Charro Negro (Parte III)






Después de lo sucedido con Vicki ya no quiso regresar más a mi casa, si nos dejaban alguna tarea o el simple hecho de juntarnos para pasar la tarde, lo hacíamos en casa de Conchita. No se lo tomé a mal, respeté su decisión. Para mí era agradable salir de casa y caminar hacia casa de Virginia.


No volvimos hablar del tema, si Julia o no se había parecido en mi habitación era algo que no me preocupaba, pues no sentía energía negativa. Además en ese entonces no la vi, sólo percibía algo, más en mi niñez no vi ese fantasma que se asomaba por la ventana de mi cuarto, del que algunas compañeritas me habían comentado.


La duda era el por qué en mi habitación, y porque en mi casa, si la habían asesinado enfrente del campo de mi casa, pero no quise hacer averiguaciones ni pensar más en ello.




★ ★ ★





Todo transcurría normal en ese verano, en el que yo tenía doce años. Hasta que un domingo en la mañana me desperté con una rara sensación. Como de vacío, un vacío que emanaba de mi ser. Y una especie de infelicidad, de amargura.


Las sensaciones producidas yo las relacionaba con el crecimiento, tanto físico como emocional. El entrar a la adolescencia. La búsqueda del ser, de saber lo que uno es y quiere ser. Siempre creí que mi cuerpo era el de una adolescente, pero mi mente era el de una vieja. Creí que ya había vivido muchas vidas y por eso en ocasiones tenía recuerdos de casas, de gente, de sensaciones que obviamente no había vivido pero que siempre me arrastraban a vidas pasadas.


Y me volví introspectiva, huraña, misántropa. No quería relacionarme demasiado, era muy selectiva en mis amistades. Y me encerraba horas en mi cuarto a leer y escuchar música. Y tuve cambios en mi cuerpo, en mi forma de vestir y hasta de sentir. Casi todo me parecía estúpido.

También me pareció estúpido que mi vecina Deya me invitara a pedir dulces en el día de Halloween. Le dije que ya no estaba para esos trotes.



—Vamos Eli, acompañanos, no seas amargada. Sólo acompañanos para que te despejes un poco.


—Ash no Deya, la verdad es que no es lo mío.


—¿No es lo tuyo?—me refirió. —Pero sí tu eres una chica dark. —¿No te encanta vestir de negro?

—¿Y eso que tiene que ver?—le señalé.


—Pues el Halloween también es para chicas dark.


—Bueno, está bien, pero sólo un rato que tengo pendiente hacer tarea.




Y Deya me convenció. Total, yo no iba hacer el ridículo. Sólo acompañaría a los vecinos, a Eddy y Alexa que también se había unido. Yo era una acompañante más.


Mi mamá a regañadientes nos dejó ir, pues no le parecía eso del Halloween, ya que ella había crecido en familia cristiana. Y para los cristianos, el celebrar Día de Brujas es cosa del diablo.

Sí bien recuerdo, cuando mis hermanos y yo éramos más chicos, asistíamos a la iglesia, pero después nos fuimos alejando. Mi madre comenzó a tener problemas con mi abuela. Y un día, sin decir más, dejámos de ir a la iglesia. Mis hermanos y yo no teníamos religión. Sin embargo, yo leía la Biblia con frecuencia y tenía temor de Dios.

Alexa llevaba en mano una calabaza que mi papá le había comprado para echar dulces y quiso prestarle la calabaza de Eddy a Yudi, una vecina. Pero a mi hermanita le dio pereza subir a la segunda planta, y mandó a Yudi. Le señaló donde quedaba el cuarto de Eddy, era el último cuarto, al final del pasillo. Tengo que decir, que el cuarto de Eddy, era el típico cuarto de niño adolescente con manías, con colecciones de autos, de poster, de videojuegos, de superheroes, de peluches, en fin, de un montón de cosas que sólo él coleccionaba.


Yudi caminó a lo largo del pasillo, nosotros la esperábamos afuera. Mi madre estaba también afuera platicando con la señora Yola, la vecina, la mamá de Yudi y Deya.


Sólo esperábamos a Yudi, a que trajera la calabaza para que echara sus dulces. Cuando escuchamos un grito, nos miramos, y mi mamá y Deya corrieron escaleras arriba. Cuando vieron a Yudi en el suelo, desmayada.


Sin saber el por qué. La reanimaron con torundas de alcohol. No sabíamos lo que había sucedido. Pero nadie salió esa noche a pedir dulces. A Yudi la llevaron a su casa, y le hablaron a un doctor. Aparentemente era un desmayo, todos sabíamos que Yudi, era flaquita, que no comía bien, que se mal alimentaba, atribuimos su desmayo quizá a alguna anemia mal atendida. Pero no fue así.


Mucho tiempo pasó para que Yudi confesara la verdad a su madre, sobre lo que había pasado esa noche, en el cuarto de Eddy. Después de lo ocurrido había caído enferma. Se le vino un debilitamiento físico, la alimentaban a la fuerza, porque ella no quería tomar alimento. Y desde ese día sufrió de convulsiones.


Nadie comentó nada, del acontecimiento de Yudi en la noche de brujas. Pero años después. Mi madre y yo sentadas en la cocina. En ese lugar en el que muchas veces platicamos, y que casi susurrábamos porque sentíamos que las paredes oían. Me confesó que Doña Yola, le había dicho muy preocupada, que Yudi le había referido el acontecimiento.


Alexa le había dicho que fuera al cuarto de Eddy por la calabaza, para que ahí echara los dulces que pedirían en la colonia. Yudi era un año menor que yo, pero era muy amiga de mi hermana, a pesar de las diferencia de edad. Ella dos se llevaban muy bien. Yudi y yo nunca nos entendimos, quizá porque ella era muy infantil. Yo nunca le pregunté sobre lo ocurrido aquella noche. Sólo sabía que desde ese día tenía convulsiones y que tomaba medicamento para evitar recaídas como la que había tenido esa noche.


Pero en una ocasión Yudi quería decírselo a su madre, ya habían pasado años, pero creyó necesario decirlo y prevenirnos a nosotros, sus vecinos. Esa noche, cuando Yudi abrió el cuarto de Eddy no supo donde se encontraba el interruptor. En el cuarto sólo se podía divisar una tenue luz de luna que entraba por una de las ventanas, en ese momento se sintió un viento fuerte y helado. Mi hermano tenía puesto en el sillón un disfraz de diablito, que había utilizado para una obra de teatro en su escuela, había llegado y lo había aventado en el sillón. Pero sopló el viento y en esa noche oscura, el disfraz tomó vida. Algo se había alzado dentro de esa vestimenta roja. La capa comenzaba a moverse al compás de ese viento extraño. Y un trinche comenzó a volar por la habitación. Unos cuernos habrían cobrado vida. Y un ser demoniaco estaba enfrente de Yudi, asustándola para toda su vida.




3 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Da la impresión de que el fenomeno fantasmal es más generalizado que lo que podía esperarse capitulos atrás, que más grande que tu casa.
Me da la impresión de que las apariciones de Julia se deben a que estaba preocupada por vos, con la aparición del charro negro. Tal vez fue haya influido algo la presencia de Misifu. Se dice que los gatos tienen algo especial con lo extraño.

maria del carmen nazer dijo...

Hola Azulia.quiero dejarte mis saludos y muchos besos de luz.
En lo fantasmal no me meto. Me dan escalofríos.
¡FELIZ DIA !! :)

Yessy kan dijo...

Pobre Yudi, no quisiera haber estado en su posición. Será en la mentalidad de la niñez que se imaginan cosas o en realidad pasaran? Muy buen escalofriante relato.
Saludos

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